Después de una larga semana llena de mucho trabajo, molestias y también sorpresa, llegaba el Domingo, un buen día para descansar y relajarse en familia, conversar y responder cada pregunta que tenían sus familias por hacer.
—¿Estás seguro de querer escuchar su interrogatorio? —Por vigésima vez, preguntó Juan David.
—Tus palabras suenan ah que no quieres que vengan —lo acusó Marisol.
—Miento, si no te digo que solo deseo estar a solas contigo y seguir descubriendo cosas de su hermoso cuerpo —