El frio de la noche espabiló a Cloe. El ruido quedó atrás conforme se alejaban del club.
—¿Estás loco? —preguntó tratando de no alzar la voz, no quería llamar más atención de la que ya atraían—. Eres un neandertal. ¿Cómo se te ocurre sacarme así? —Pataleó intentando que Fabrizio la bajara.
Él le dio una nalgada en lugar de eso y su indignación creció.
—Estate quieta.
—¡Maldito imbécil! En cuanto te ponga las manos encima, te aseguró que…
—¿Es esa una invitación? Porque estoy más que dispues