—¿Hay algo que quieras compartir con nosotros? —preguntó su padre la mañana siguiente.
Todos los ojos estaban puestos en Cloe. Su hermano había recuperado su habitual tranquilidad para esa mañana y tenía una sonrisa de diversión pintada en el rostro.
—¿A qué te refieres? —La mejor manera de salir de aquello era fingir no saber de lo que hablaba.
Su padre alzó una ceja.
—Vamos, cariño. Eres mi hija, está en el manual que no puedes ocultarme nada. Creí que ya lo sabrías a estas alturas.
Su madre