Cloe se miró en el espejo por segunda vez consecutiva para asegurarse que llevaba la ropa adecuada. Cuanto más tiempo se miraba, más se sentía tentada a usar otra cosa.
Fabrizio se acercó por detrás y la sujetó por las caderas mientras depositaba un beso en su cuello. Como siempre, solo ese gesto bastó para derretirse en sus brazos. Inclinó la cabeza a un costado y él arrastró la nariz a lo largo de su cuello.
—Estás preciosa. —Fabrizio le dio la vuelta y la besó—. No tienes por qué estar tan t