Cloe soltó un gemido cuando los labios de Fabrizio bajaron hacia sus senos. Primero depositó un beso en cada uno y luego se llevó a la boca uno de ellos.
Se aferró a las sábanas debajo de ella y arqueó la espalda para darle mayor acceso.
—Basta que estés cerca y mi cuerpo reconoce tu presencia —musitó él alejándose por un instante antes de pasar al otro pezón. Sacó su lengua y la lamió como si fuera un postre.
Un grito salió de sus labios ante la calidez y humedad de ese gesto. Él tenía la ca