La música envolvía a los presentes desde los altavoces; las luces y el taconeo marcaban un ritmo armónico para los espectadores de la pasarela. David miraba pasar todo el desfile ante sus ojos: las chicas despampanantes le parecían pedazos de piedra, las sedas de alta costura le eran tan irrelevantes como fragmentos de tela volando al azar y los flashes le causaban migraña. Sentado en primera fila, el presidente aguardaba el momento de abandonar su asiento, el cual empezaba a cortarle el oxíge