Bianca miró a Natalie. No tenía ganas de lidiar con ella en ese lugar, pero Natalie no pensaba dejarla en paz.
No se inmutó ante su tono y respondió con calma:
—Eso no es asunto tuyo. Pero pareces muy segura de que te llevarás el auto. Ya veremos qué pasa.
Natalie cruzó los brazos y le lanzó una mirada helada.
—Siempre consigo lo que quiero. Pero, señorita Scott, coquetear con un hombre no te servirá de nada. Ni siquiera puedes comprarte el coche que te gusta.
Mientras hablaba, echó un vista