Un momento después, un Cayenne se detuvo frente al lugar. Natalie bajó del vehículo con un vestido rojo brillante, unas enormes gafas de sol y su melena rizada ondeando con el viento.
Uno de los empleados la reconoció y se acercó enseguida.
—¡Señorita King, qué sorpresa verla por aquí!
—¿Y cómo iba a perderme un evento como este alguien que ama los autos deportivos? —respondió Natalie con su habitual sonrisa encantadora.
—Por aquí, por favor.
Bianca siguió al empleado hacia el salón princip