CAPÍTULO 75: EL LEGADO DEL ALMA NO TIENE FIN, SOLO CRECE Y BRILLA POR TODA LA ETERNIDAD
Han pasado ya cuarenta y dos años completos. Cuarenta y dos años desde aquella noche inolvidable que quedó grabada a fuego imborrable en lo más profundo de sus almas, una noche que ni el paso de los días, ni la brisa salada del Caribe, ni el transcurrir de toda una vida podrán borrar jamás: una lluvia torrencial que caía sin descanso, tan fuerte que golpeaba el suelo como si el cielo mismo se partiera de dolor; un viento helado que aullaba entre las paredes vacías y calaba hasta los huesos, atr