—Me besaste —dijo ella, con una especie de asombro ronco en la voz—. Nos besamos. Tú y yo, Tyler.
—Sí. —Su mirada se posó en sus labios, esos labios que había estudiado, con los que había soñado, fantaseado. Y que ahora podía saborear junto a los suyos. No estaba seguro de poder creerlo—. Sí.
Ella se llevó una mano a los labios y él no supo distinguir si le temblaban los dedos o si simplemente dudaba. Y él era Tyler Connelly. Era famoso por su seguridad en sí mismo, aunque sus detractores la de