—Mi padre y toda mi familia eran muy protectores conmigo.
—Lo que hace que lo que estamos haciendo sea bastante arriesgado.
Frunció el ceño. —No tengo cinco años. Mi vida es mía.
—¿Me estás diciendo que los García no te vigilan?
Quería poder decir que no, pero ¿de qué servía? Javier sabía demasiado sobre su familia. —Todos mantenemos la farsa de que voy y vengo cuando quiero. Que hago lo que me da la gana. Pero sí. Me doy cuenta de que muy poco de lo que hago es completamente privado.
Miró a su