CAPÍTULO 57. El Pegaso
En menos de media hora todos los barcos rodearon aquel cuadrante enorme desde donde el sonar obtenía su señal, y los buzos comenzaron a prepararse.
—¿Estás seguro de que es un barco? —preguntó Franco llegando juntos a ellos.
—Sé que es grande y que está allí abajo, no pasa nada por investigar, ¿verdad? —murmuró Mateo y al italiano se le iluminaron los ojos.
—¡Pues que bajen! —exclamó abrazando a Victoria, que parecía emocionada.
Mateo se ocupó de la parte tecnológica y cuando los hombres se ech