CAPÍTULO 35. No me odies, niña
Victoria se estremeció con su tacto, era caliente, sensual y lo deseaba más de lo que podía comprender.
—Bue… bueno… —balbuceó—. Se me enredó el cabello con el cierre…
—Con el cierre, sí. Dame un segundo —murmuró Franco tratando de liberarlo y en cuanto lo hizo le corrió el cabello a un lado para terminar de ayudarla, pero sus ojos se quedaron fijos sobre aquel tatuaje que tenía sobre el omóplato izquierdo.
Era bastante grande, la figura alada de un arcángel con una espada, y sobre su cabeza ha