CAPÍTULO 29. Un papá y un bebé todoterreno
Los De Navia se habían ido, Amira también, y la casa parecía más tranquila que de costumbre, pero para Franco eso solo era la calma que presagiaba a la tormenta.
Consciente de eso, Archer no le perdía al Conte ni pie ni pisada, y siempre había dos Silenciosos alrededor de Victoria y Massimo.
Los siguientes dos días a aquel fatídico beso, Franco se había metido de cabeza en los negocios para ocupar la mente y tratar de olvidar. No estaba bien, y ella no había reaccionado bien. ¿Cómo podía espera