La mañana siguiente llegó con un silencio incómodo, casi doloroso. La ciudad despertaba lentamente, pero Isa sentía que dentro de ella todo estaba en llamas. Su mente no dejaba de repasar la noche anterior, cada gesto, cada palabra, cada roce que la había desarmado y, al mismo tiempo, la había hecho sentirse viva como nunca.
Pero había una sombra que no podía ignorar: la presencia de alguien más en la vida de Adrián. Esa mujer, real, desconocida y amenazante, estaba ahí, y ella no tenía idea de