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Capitulo Do's: Tentaciones y Secretos

El día siguiente no fue nada normal. Desde que abrí los ojos, lo primero que apareció en mi mente fue su sonrisa, esa que parecía tener el poder de desarmar cualquier pensamiento racional. Me obligué a respirar hondo, tratando de calmar la mezcla de excitación y ansiedad que todavía me recorría, pero cuanto más lo intentaba, más sentía su presencia invisible a mi lado.

Tomé un café, aunque sin probar realmente el sabor. Cada sonido, cada movimiento en mi apartamento me recordaba a él: el roce del bolso, el timbre de mi teléfono, incluso la ligera brisa que entraba por la ventana parecía traer su aroma imaginario. No podía dejar de pensar en cómo un encuentro tan breve había logrado alterar todo mi equilibrio.

Y entonces llegó el mensaje.

"Buenos días, Isa. Espero que tu mañana sea tan intensa como nuestra noche."

Mi corazón dio un vuelco. Era Adrián. Su forma de escribir, tan segura y cercana, hacía que mi respiración se acelerara sin que yo quisiera. Me mordí el labio, sabiendo que cada palabra suya estaba calculada para provocar algo en mí. No podía evitarlo: estaba atrapada, y él ya tenía las llaves de mi curiosidad.

¿Otra vez pensando en él? escuché la voz de Camila a través del altavoz mientras entraba en mi apartamento.

No, nada… mentí, mientras mi teléfono mostraba otro mensaje suyo. Solo… cosas del trabajo.

Camila no me creyó, lo noté en su sonrisa traviesa. Siempre sabía cuando estaba nerviosa, siempre sabía cuando algo o alguien me tenía atrapada. Pero no podía contarle nada. Nadie entendería cómo un hombre podía irrumpir en tu mundo y dejarte temblando con solo una mirada.

Decidí salir, despejarme, caminar por la ciudad antes de que el día se hiciera pesado. Sin embargo, cada paso me recordaba a Adrián. Incluso el ruido de los coches parecía tener un ritmo parecido al de mi corazón. Y cuando menos lo esperaba, allí estaba: en un café junto a la oficina, con el sol brillando sobre su cabello oscuro y esa sonrisa imposible que me hacía sentir expuesta y segura a la vez.

No esperaba encontrarte aquí dije, intentando sonar casual, aunque mi voz traicionaba mi nerviosismo.

El destino insiste respondió con una media sonrisa, inclinándose hacia mí. ¿Puedo invitarte a un café?

Su cercanía me hizo estremecer. El aroma a madera y café recién molido mezclado con su perfume era intoxicante. Cada palabra que pronunciaba parecía envolverme en un hilo invisible que me ataba a él.

Nos sentamos uno frente al otro, y la conversación fluyó sin esfuerzo. Hablamos de trivialidades al principio, pero cada tema parecía cargado de subtexto: miradas que duraban demasiado, gestos que rozaban la intención, risas que escondían promesas. Sin darme cuenta, mis manos se rozaban con las suyas al tomar la taza de café, y un escalofrío me recorrió el brazo.

Isa… dijo, bajando la voz, apenas un susurro. No puedo dejar de pensar en ti desde ayer.

Mi corazón se aceleró. Cada palabra suya estaba calculada, pero parecía sincera. No era solo deseo; había algo más profundo, algo que me hacía querer confesarle todo, aunque todavía no supiera nada de él.

Adrián… yo… empecé, pero me interrumpió suavemente, apoyando una mano sobre la mía.

El contacto fue breve, pero suficiente para que mi respiración se detuviera por un instante. Su toque era ligero, pero lleno de intención. No era una caricia, no todavía, pero sentí que cada fibra de mi cuerpo respondía a él, que estaba dispuesta a seguirlo hasta donde él quisiera llevarme, aun sin saberlo.

Isa, hay algo que debo decirte murmuró, con un tono más serio. No todo es lo que parece.

Su confesión me congeló. Mi mente trabajaba rápido, imaginando mil secretos, mil mentiras posibles. Sin embargo, en lugar de alejarme, sentí que quería conocerlos todos. Quería adentrarme en ese misterio que lo rodeaba, aunque supiera que podía quemarme.

Nos levantamos del café y caminamos por la ciudad sin rumbo, dejándonos guiar por una necesidad invisible. Sus manos rozaron las mías varias veces, y cada roce era un recordatorio de que algo peligroso estaba a punto de suceder. En un momento, nos detuvimos bajo la luz de una farola, y por primera vez, sus ojos no solo me miraron; me atravesaron.

Isa… quiero besarte dijo con sinceridad, sin urgencia, pero con una intensidad que me hizo temblar.

No necesitaba más. Mis labios se acercaron a los suyos, y el contacto fue breve, tentador, electrizante. No era un beso cualquiera; era la promesa de algo que ambos queríamos explorar, pero sin saber hasta dónde nos llevaría. Mi corazón latía desbocado, mi respiración entrecortada, y aún así quería más.

Adrián me tomó del rostro suavemente, y por un instante, todo lo demás desapareció: la ciudad, los ruidos, las preocupaciones… solo existíamos nosotros. Cada movimiento era lento, deliberado, cargado de deseo. Su presencia me hacía sentir viva de una manera que nunca antes había sentido, y al mismo tiempo, vulnerable.

Isa… susurró contra mis labios. Hay más de mí que no conoces. Cosas que podrían asustarte.

No me importa respondí, temblando, pero con una certeza que me sorprendió. Quiero descubrirlo todo.

El resto de la tarde pasó entre risas suaves, miradas cargadas de significado y roces que dejaban mi piel ardiente. No hubo nada explícito, pero la tensión sexual era palpable, un hilo que nos unía con fuerza y peligro. Cada palabra, cada gesto, cada silencio construía algo más intenso que cualquier conversación trivial.

Cuando finalmente nos despedimos, un beso en la mejilla se sintió como un huracán. Caminé hacia mi apartamento con la sensación de haber tocado algo prohibido, algo emocionante, algo que sabía que cambiaría mi vida para siempre. Cada paso era un recordatorio de que estaba atrapada: entre sus besos, sus secretos… y mi propio deseo.

Y mientras me acomodaba en la cama esa noche, no podía dejar de pensar en él. En cómo cada roce, cada palabra, cada mirada me había dejado ansiosa y excitada al mismo tiempo. Sabía que lo que comenzaba era solo el principio, y que el juego de atracción, deseo y secretos apenas estaba empezando.

Porque una cosa estaba clara: mi corazón estaba en sus manos, y yo estaba dispuesta a dejarlo jugar… aunque eso significara perder el control.

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