¿Por qué deseaba que volviera?, el perfume, los baños, la lencería fea no fueron suficiente. Ella misma había renunciado y él aún así la quería. Me mordí el dedo de forma ansiosa. Caminaba de un lado a otro murmurando como desquiciada. Trataba de idear formas en las que podría hacerla indeseable; cuando escuché unos pasos a lo lejos, decidí actuar como si estuviera limpiando las juntas de las ventanas de uno de los corredores.
_Emilia.
_S-Señor Harold. Buenos días. - Le saludé cortésmente.