¿Por qué deseaba que volviera?, el perfume, los baños, la lencería fea no fueron suficiente. Ella misma había renunciado y él aún así la quería. Me mordí el dedo de forma ansiosa. Caminaba de un lado a otro murmurando como desquiciada. Trataba de idear formas en las que podría hacerla indeseable; cuando escuché unos pasos a lo lejos, decidí actuar como si estuviera limpiando las juntas de las ventanas de uno de los corredores.
_Emilia.
_S-Señor Harold. Buenos días. - Le saludé cortésmente.
_Me gustaría hablar con usted, por favor, vayamos a mi oficina.
_Por supuesto.
Lo seguí mientras me frotaba las manos, Harold solo llamaba a alguien para pedir un favor o para despedirlo, y no se me ocurría que hubiera algo que pudiera pedirme.
Llegamos a la oficina donde ambos nos sentamos, él se veía muy relajado pero yo casi estaba temblando.
_Emilia, ¿Recuerda a la señorita Mikaela?
_si, por supuesto.
_ Bueno, por órdenes de mi señor, ella regresará a la mansión, así que le pid