Cómo el imbécil que era, no prestó atención a mis palabras, hacía lo que quería, y como lo quería. Era un desalmado hijo de puta.
Shandra se recostó a mi lado, parecía muy concentrado. Quien sabe que perversidades estarían pasando por esa cabecita malvada con cabello sedoso.
Acercó su mano a mi entrada pero en acto reflejo cerré las piernas.
_Abrelas ahora. - un destello oscuro se reflejó en sus ojos.
_Aun duele y ¿quieres que haga como si no pasara nada?- repliqué con molestia.
_Obe