Capítulo 39: Un Giro inesperado.
El efecto de los analgésicos es una neblina algodonosa que amortigua el dolor agudo de mis costillas y mi cadera, pero no logra silenciar el estruendo en mi cabeza. Físicamente, me siento mucho mejor; la punzada punzante que me hacía jadear cada vez que intentaba respirar profundamente se ha convertido en una molestia sorda, un eco de la brutalidad de Coliseo. Sin embargo, por dentro, soy un caos. No puedo dejar de repetir la escena del salón: la presión de su mano, el olor a tabaco, la mirada