Nathan tragó saliva con dificultad; su garganta se movió visiblemente.
—Evelyn… —empezó, con voz áspera.
Se rascó el cuello de nuevo, esta vez con más fuerza; la piel ya se le estaba abriendo.
El agarre de Evelyn se tensó alrededor de su bolso.
—Sé que te hice daño —dijo él—. Lo sé. Lo arruiné todo.
Sus palabras salían entrecortadas.
—Tengo mucho que decir… pero solo… solo escúchame. Aunque no me creas…
De repente se golpeó la cabeza con fuerza.
Evelyn se estremeció.
—Nathan…
—Yo… —Volvió a gol