Lena estaba recostada en su cama, comiendo una bolsa de papas fritas, cuando su teléfono vibró. Miró el identificador de llamada y frunció el ceño. Realmente no quería contestar. Pero no tenía opción.
—Hola, papá.
—Hola, pequeña traviesa, ¿fuiste a esa cita que arreglé con el joven de la familia Adler?
Lena suspiró ruidosamente.
—Sabes la respuesta. ¿Para qué preguntas siquiera? —Apartó el teléfono de su oreja.
Tal como esperaba, el grito furioso de su padre llegó a través del altavoz. Esperó