Evelyn se dio la vuelta, temblando ligeramente con un frío que no podía controlar. Roman seguía murmurando inquieto, con el ceño profundamente fruncido como si lo que atormentaba sus sueños lo perturbara profundamente. Solo para asegurarse de lo que había oído, se inclinó de nuevo hacia él, con la oreja casi rozando sus labios.
Las palabras susurradas se hicieron más claras; su voz estaba llena de un dolor anhelante que nunca había escuchado en él antes.
—Por favor… Avery… no debí irme… no debí