DAMIAN
Habían pasado tres días y Jacob seguía bajo custodia. Tres días en una habitación que le recordaba el verdadero significado de la traición; yo mismo había ordenado específicamente que no se le diera ni comida ni agua. De los demás hombres ya se habían encargado los míos, pero Jacob me pertenecía.
Entré al sótano y él levantó la mirada, con movimientos frágiles y cansados. Me acerqué, acerqué una silla y me senté frente a él; Jacob se encogió hacia atrás.
—Habla —dije lentamente, y las pa