Después de desayunar, Tito la dejó primero en la entrada de Unimundo y luego se fue con Oliver al corporativo del Grupo Sion. Alina observó el imponente edificio de la agencia y sonrió. Muy pronto se encargaría de Cindy.
Al entrar, la recepcionista la guio hasta una oficina. Detrás del escritorio estaba sentada una mujer de cabello corto, con un traje sastre y lentes, que proyectaba una imagen astuta y profesional. Levantó la mirada un instante.
—¿Alina Quiroga?
La joven asintió.
—Buenos días,