Alina llegó a la oficina de ventas inmobiliarias. Llevaba unos lentes oscuros bastante grandes que le cubrían casi toda la cara, dejando a la vista solo su pequeño mentón. Un vendedor se acercó para atenderla.
—Señorita, ¿qué tipo de propiedad busca? ¿Tiene en mente alguna zona en particular?
—Busco una mansión.
El empleado se quedó boquiabierto de la impresión. Aunque la mayoría de los clientes que acudían a esa sucursal eran personas de mucho dinero o gran prestigio, resultaba sumamente inusu