ISAÍAS
Fue inesperado. Después de estar un rato sentado en la sala de meditación, intentando comprender mejor el destino de la manada, fui arrojado a través de un torbellino de sangre, oscuridad y agonía. Vi a Flora. Mientras la hoja de Lucy le atravesaba el pecho, su brillante sonrisa se transformó en terror. Vi a la pequeña Alexia despertando, su vocecita llorando por una madre que nunca volvería a responderle, escuché sus últimas respiraciones entrecortadas y sentí la angustia de Logan mient