RYAN
La lluvia empezó justo cuando cerré la puerta de la habitación del motel detrás de mí. Golpeaba el techo con un ritmo que imitaba la tormenta que rugía dentro de mi pecho. Un dolor sordo se había instalado detrás de mis ojos. El silencio de la habitación gritaba más fuerte que cualquier sala del consejo. Sin guardias. Sin aposentos reales. Solo cuatro paredes y una cama que olía a lejía y arrepentimiento. Quería el silencio. Lo ansiaba. Y sin embargo, me raspaba como vidrio roto.
Jackson y