33. Sin ambición
Vuelve Katherine a sentarse y a echarse a reír como si no lo creyera. Aparta John las fichas y los diecisiete han sido bendecidos en su mano. La complacencia no se ve en su rostro, y no es que estuviesen apostando de verdad. Al parecer, según a su parecer, sólo estaba John mostrándole.
Incluso así se le dificulta sólo pensar a Katherine de esta imposible casualidad.
—¡Esto es…!
—Sólo fue cuestión de suerte ésta vez —responde John, tranquilo—. He de decir que no me lo esperaba.
—No esperabas que