—¡Bienvenidas a mi finca! —exclamó Michael, apenas las damas abandonaron el carruaje —por favor, acérquese a las pertenencias de las damas y llévenlas en las habitaciones de huéspedes—. Antes de entrar, Michael se acercó a Angelina para besar su mano, los ojos azules del duque se extendieron de su rostro tan profundamente que Angelina no pudo mantener la mirada.
—Vayan a sus alcobas para que se pongan cómodas. Yo mandaré a un sirviente a ir por ustedes cuando estén listos los aperitivos.
—Much