85. ACEPTACIÓN: ELLA ES MÍA
Una corriente helada recorre mi espalda en el instante en que sus brazos me envuelven. Su aroma se infiltra en mis sentidos, despertando algo primitivo en mí, mientras el mío se aferra a su piel como una marca indeleble. Me quedo inmóvil. La razón me suplica que me aparte, que no me permita este lujo peligroso, pero mi corazón se aferra con desesperación a la ilusión de todo lo que ella representa. No soy el indicado para sanar las heridas de su alma... pero el simple pensamiento de que alguien