86. PRIMERA CITA
Abrir los ojos y encontrar a aquel gran lobo negro en el suelo de mi habitación fue impactante. ¿Cómo entró? Su respiración pausada y su postura relajada le dan un aire casi apacible, como si ese fuera su lugar por derecho. Por un instante, olvido que es un animal salvaje.
Su pelaje oscuro y espeso parece absurdamente cómodo, y una idea descabellada se instala en mi mente: quiero hundir mis dedos en él, sentir su calor, recostar la cabeza sobre su lomo como si fuera la almohada más segura del m