40. ME IMPRIMÉ
—¿Por qué soy presa del demonio? —pregunta minutos después, su voz cargada de una mezcla de culpa y desconcierto, mientras intenta detener los pensamientos que parecen consumirlo.
Se ve tan adorable, tan indefenso, que me resulta imposible no sonreír. Su fragilidad despierta en mí algo inesperado, un deseo feroz de protegerlo, de reclamarlo. Soy una omega; ser fuerte, líder y protector no es lo mío. Pero con este hombre, no tengo opción. Su vulnerabilidad me exige algo más profundo. De un solo