Edén
—Es el bronceador claro que apliqué antes—.
Cualquier cosa para ocultar ese tono azul escocés que se cuela en su piel.
—Está bien, ya terminé —digo, chasqueando los labios mientras termino de aplicarme el lápiz labial.
Mi pelo color caramelo hasta la cintura es todo menos liso. Puede serlo, pero vaya, se encrespa con la neblina que llega del mar en Castleview Cove. Se me pone como una cabra... enorme. Piensa en Mónica de Friends in Barbados. No queda bien. Creo que si inventara un sérum antifrizz para el pelo específicamente para el clima escocés, sería millonaria, porque nada funciona. Créeme, los he probado todos. Alisarlo requiere muchísimo esfuerzo. Las planchas son la vida.
—No tiene nada que ver con el bronceador, Edén. Estás radiante de pies a cabeza, amiga.
—Gracias, chicas.—
Parece que ha pasado una eternidad desde que me sentí tan viva. Todavía tengo trabajo por hacer, chicas, pero me siento muy bien. Levanto las manos y canto.
Eva se tapa los oídos. —Sigues hablando fa