Le beso la cabeza. —La razón por la que nunca nos hemos quedado a dormir en el hotel es porque toda tu vida está en tu casa. Es tu hogar. Tu ropa, tu oficina, tus archivos, tu escritorio—. Se ríe. —Yo ahora mismo vivo con una maleta, además tienes Pom-pom y vives cerca de la playa. Tenía sentido que me quedara a dormir en tu casa—.
—Fue una tontería decirlo—.
—No lo fue. Está bien tener dudas. No has estado aquí y solo llevamos treinta días saliendo. ¿Has estado contando?
Hablaremos luego de lo