Mi teléfono vibra en la mesa auxiliar, sacándome del momento de comedia romántica que estoy viviendo.
Mierda.
Al abrirlo, mi corazón late a un ritmo diferente. Ella es una bomba; me preparo mentalmente antes de abrirlo.
Yo:¿Cómo carajo lo sabes?
Ella: Tengo ojos y oídos en todas partes, y creo que ambos hablaron muy fuerte anoche ;)
Yo: No tengo intención de hacerle daño, jamás. Ese no es mi estilo.
Ella: Últimas palabras famosas. Que sepas que te estoy observando. Emoji de ojos saltones.
Ella: Protege esas bolas a toda costa.
Ella: Tampoco estoy hablando de tus pelotas de golf.
Los protectores de Edén son leales hasta la médula. No los culpo por cuidarla; ya ha sufrido suficientes traumas para una vida entera.
El profundo deseo de protegerla con todo lo que soy y traerla a mi mundo para mantenerla a salvo corre por mis venas.
Me quedo tendido unos minutos mientras todos estos pensamientos confusos recorren mi cabeza.
Luego pienso prepararle el desayuno. Espero que pueda pasar el día