Ella se veía hermosa hoy.
Se cortó el pelo a la mitad de su longitud.
Y está más oscuro que antes.
Pero ella ya no es mía y está embarazada de su bebé.
Me siento mal al pensarlo.
Aparto las sábanas y me meto en la cama. No tengo palabras para describir lo que siento.
Dormir es lo único que alivia el dolor tan intenso. Me doy la vuelta, esperando dormir pronto. Estoy entre el duelo y la angustia.
Entre mundos.
Entre la tierra de tener lo que fue y el ahora nunca podrá ser.
* * *
Sin saber cuánto tiempo he estado dormido, me despierto abruptamente por el fuerte y persistente tono de llamada de mi teléfono.
—¿Quién carajo llama a estas horas? —pregunto aturdido, intentando localizar mi teléfono en la mesita de noche, en la oscuridad.
¿Ella?
Abro la llamada.
—¿Ella?—
—¿Por qué?—
Es Edén. Se cayó por las escaleras. Ha estado sangrando. Aún no están seguros de si el bebé está bien.
Mi corazón da un vuelco.
—Eden me va a matar por llamarte—.
Ella hace una pausa.
—Es tu bebé, Hunter—.
—¿Qué?—