PARTE II. CAPÍTULO 8
—¿Qué demonios estás haciendo? —preguntó en un susurro la joven, hablando entre dientes y caminando tan rápido que el hombre que la seguía sonreía—. ¿Quieres que todas las enfermeras me maten cuando vean que me estás trayendo flores?
—Y chocolates —añadió el hombre, interrumpiendo la joven que, ante sus palabras, simplemente se quedó perpleja.
—¿Qué? —preguntó Meredith, intentando que lo que ese hombre decía le cupiera en la cabeza.
—Son flores y chocolates —explicó Sabino y a la pobre pediatra