PARTE II. CAPÍTULO 40
—No entiendo por qué estás enojada —declaró Meredith, cruzando los brazos al frente, y volviendo a mirar a su madre, luego de que viera a su amado, que llevaba a su hijo en brazos, desaparecer en las escaleras.
—¡Meredith, soy tu madre! —gritó Lorenza, furiosa por la actitud de su segunda hija, quien parecía completamente desinteresada en ella—. ¿A caso eso no me da derecho a saber lo que ocurre con ustedes?
—¡No! —gritó Meredith, furiosa, asustando a todo el mundo, mucho más a su madre y a su