—Emilia, alguien quiere verte —dijo una joven enfermera, llegando hasta el cuarto que decidieron usar como dormitorio de enfermeros y moviendo un poco a la joven que tenía, si acaso, una hora y media dormida.
Ella se había ido a dar un baño rápido y luego cenó algo ligero y se recostó a dormir, porque sentía que ya no podía más. De ocho a doce horas había una diferencia significativa, pero estaba cansada porque ella jamás había movido aparatos tan grandes y pesados, y tampoco había levantado pac