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Charles miraba a su alrededor como si estuviera buscando una tabla de salvación, porque no tenía palabras, para contestar aquello. Además, que nadie en la sala le dio tregua. Pues se hizo una serie de murmullos.
—Orden… —El juez dio tres golpes al estrado con su mazo—. No se puede ir amedrentando a la gente, y abusando de la autoridad congresista Anderson. Así que le pido amablemente que conteste las preguntas del abogado Sabag.
—Muy bien, soy de los políticos que resguardan