En los ojos negros de James, la sorpresa titila, aquel gran despacho se siente frío y pequeño, como si el aire hubiera sido instantáneamente aspirado por la tensión que se había apoderado del lugar. James, el Rey de la Mafia, parecía emanar una oscuridad intensa, su mirada cargada de destellos de fuego ardiendo que amenazaban con consumir todo a su paso.
El hombre apretó los puños, sintiendo cómo el calor interno luchaba por escapar de su cuerpo. Pero, a pesar de su furia ardiendo por dentro,