La brisa fría de la tarde acariciaba el rostro de Georgina y Maximiliano mientras jugaban con sus manos entrelazadas. El pequeño balcón de la casa en España se había convertido en su refugio desde que su padre, Maximus Albani, ingresó al hospital. Al lado de los mellizos Helen permanecía en silencio, fingiendo serenidad mientras su corazón latía con fuerza. Cada vez que los niños preguntaban cuándo volvería su papá, respondía con una sonrisa que apenas ocultaba su preocupación.
Cuando en real