Maximus se encontraba en su despacho, la luz tenue de la tarde filtrándose a través de las cortinas, mientras los papeles sobre su escritorio parecían multiplicarse ante su mirada fija. La mente de Maximus, siempre inquieta, luchaba por centrarse en la montaña de responsabilidades que le aguardaban con la presencia de sus enemigos en las cercanías, pero algo, una presencia suave, lo interrumpió sacándolo de sus pensamientos.
De repente, sus ojos azules, que solían navegar entre las sombras de s