C58-LOS ALFAS NO AMAN.
C58-LOS ALFAS NO AMAN.
Elizabeth doblaba cuidadosamente unas mantas, además guardaba provisiones en un saco de cuero para cuando llegara el momento de marcharse. Había escondido frutas secas, pan endurecido y un poco de carne salada; no era mucho, pero sería suficiente para sobrevivir los primeros días. El dolor en su pecho no menguaba, esa presión constante que le recordaba que no debería confiar nuevamente en un hombre, pero aún así continuaba, porque tenía que hacerlo.
Se giró al escuchar un