Las bromas que me había gastado Grayson no eran más inocentes que las de Julian y Ethan, pero de los tres era el que solía pensársela dos veces antes de ensuciarse las manos.
Claro… excepto aquella vez en la preparatoria, cuando aterrorizó a uno de mis pretendientes por supuestamente haber tomado algo suyo.
—¿Por qué me miras así? —balbuceó el chico, acorralado contra los casilleros.
—Por tomar algo que es mío —respondió Grayson, con una calma que daba más miedo que un grito—. Y no me gusta rep