Isabella había caído desmayada a la alfombra, la enferma Elfa había comenzado a sanar, sus heridas fueron cerrando una a una, la fiebre se había ido, Rocío fue abriendo sus bellos ojos poco a poco
— ¡Oh, por la diosa! ¿cómo es esto posible? ya no estoy herida, ni siento dolor
Los dos lobos, el Alfa y el príncipe, no pudieron esperar más, entraron de nuevo a la habitación, Luciano de inmediato levantó a su luna
— Isabella, cariño, ¿estás bien? te dije que era peligroso, no debiste excederte
— Es