La castaña no podía tener los ojos más abiertos, los cachorritos si se lo proponían podían ser intimidantes
— No cachorros, no me he comido a su tío Camilo, bueno... no literalmente, no me dí cuenta a qué horas salió de la habitación
— Ahh... ¿a ti te gustan los cachorros? miranos bien
— Claro, son hermosos, ¿por qué no me gustarían? denme un momento para darme una ducha y vestirme, estoy hecha una vagabunda
— Bueno, te esperaremos para bajar a desayunar, apresúrate que ya tengo hambre