Capítulo 50. Amada esposa ¡Perdóname!
Erika sonrió con satisfacción al ver el rostro de su suegra, mientras esta retrocedía, desconcertada por las palabras de su nuera. No podía creer lo que estaba escuchando. ¿Cómo era posible que Julián le hubiera ocultado algo tan importante? Tuvo oportunidad de decírselo, cuando conoció a los niños y no lo hizo, negó con la cabeza con incredulidad, mientras se quedaba por completo en silencio.
Erika notó la expresión de sorpresa, molestia en el rostro de su suegra y decidió darle más detalles.