Media hora más tarde, el transporte de los sicilianos llegó, rompiendo el silencio tenso que había invadido el lugar. Un vehículo negro, elegante, pero austero, se detuvo frente a la guarida temporal de Moscú donde yacía el rubio, su rostro pálido y sudoroso mostrando la lucha interna que libraba. Damián, con su mirada penetrante y una mezcla de preocupación y determinación en su expresión, se acercó al equipo médico que salió del vehículo. Así sin poder caminar demasiado.
Los médicos, vestidos