Cómo un saco de papas, Dalton lanzó a Alice a la cama y luego comenzó a desvestirse, dejando todo en el piso, sin apartar la mirada de la de Alice ni un segundo. En los ojos de Alice podía verse el deseo ardiente, mientras jadeaba con urgencia, entre tanto los ojos de Dalton eran intensos y perversos, tenía las pupilas dilatadas como un animal al acecho que está a punto de desmembrar a su presa.
Cuando estuvo totalmente desnudo, con sus veinticinco centímetros de gruesa hombría palpitante, se t